En un ensayo clínico europeo con más de 1.300 adultos mayores, publicado en Journal of Bone and Mineral Research, la suplementación con vitamina D3 y ácidos grasos omega-3 no mostró beneficios en la reducción de fracturas vertebrales. En cambio, un programa simple de ejercicio domiciliario realizado tres veces por semana redujo la incidencia de fracturas en mujeres y la progresión de fracturas ya existentes, sugiriendo que la actividad física adaptada puede ser una estrategia clave en la prevención osteoporótica.
Introducción
Las fracturas vertebrales son una de las complicaciones más frecuentes de la osteoporosis y constituyen un marcador temprano de fragilidad ósea. Se asocian a dolor crónico, pérdida de estatura, deformidades como cifosis y aumento significativo del riesgo de fracturas subsecuentes tanto vertebrales como no vertebrales. Su prevención representa un desafío de salud pública en el contexto del envejecimiento poblacional.
La vitamina D3, al regular el metabolismo del calcio y del fósforo, ha sido ampliamente estudiada en la prevención de fracturas, pero los resultados en fracturas vertebrales son inconsistentes y muchas veces limitados por ensayos de pequeño tamaño o heterogeneidad metodológica. Los ácidos grasos omega-3, con propiedades antiinflamatorias y efectos potenciales sobre la absorción de calcio, también han sido postulados como agentes protectores, aunque la evidencia clínica es escasa. Por otra parte, el ejercicio físico regular mejora la fuerza muscular, la estabilidad postural y la calidad ósea mediante cargas mecánicas, y podría desempeñar un papel crucial en la prevención de fracturas, aunque los estudios específicos en fracturas vertebrales incidentes eran hasta ahora limitados.
Enfoque y resultados
El ensayo DO-HEALTH, de diseño factorial 2×2×2, doble ciego y multicéntrico, incluyó a 1.488 adultos de 70 años o más, comunitarios, de Suiza, Alemania, Francia y Portugal, con buena movilidad y sin eventos mayores recientes. Los participantes fueron asignados a recibir vitamina D3 (2.000 UI/día), omega-3 (1 g/día), un programa de ejercicios domiciliarios simples (30 minutos, tres veces por semana) o sus combinaciones, comparados con placebos y un programa control de ejercicios de flexibilidad.
Durante los tres años de seguimiento se documentaron 93 fracturas vertebrales: 58 nuevas y 35 progresiones de fracturas ya existentes. Los análisis ajustados no mostraron beneficios de la suplementación con vitamina D3 ni con omega-3 sobre la incidencia total, nueva o progresiva de fracturas. El programa de ejercicio domiciliario tampoco modificó la incidencia global, pero redujo el riesgo en mujeres (incidence rate ratio [IRR] 0,52; IC95% 0,28-0,98) y, en análisis de sensibilidad, disminuyó de manera significativa la progresión de fracturas vertebrales en toda la cohorte (IRR 0,34; IC95% 0,16-0,75). Estos hallazgos sugieren un impacto diferenciado según sexo y estado óseo basal, ya que las mujeres presentaban menor densidad mineral ósea, mayor comorbilidad y menor actividad física al inicio.
Discusión y conclusiones
Los resultados confirman la ausencia de efecto preventivo de la suplementación con vitamina D3 y omega-3 en fracturas vertebrales entre adultos mayores generalmente sanos y activos, en concordancia con ensayos de gran escala previos como el VITAL. En contraste, el programa de ejercicios domiciliarios mostró un beneficio específico: menor incidencia de fracturas en mujeres y menor progresión en la severidad de fracturas preexistentes en toda la cohorte. Esto refuerza la hipótesis de que el ejercicio, incluso de intensidad moderada y sin equipamiento complejo, puede mejorar la fuerza extensora de la columna y la movilidad vertebral, contribuyendo a estabilizar fracturas y prevenir su agravamiento.
Entre las limitaciones destacan la inclusión de participantes con bajo riesgo basal, la posibilidad de suplementación externa de vitamina D hasta 800 UI/día y el tamaño limitado para subgrupos de fracturas progresivas. Aun así, el ensayo constituye la mayor evidencia disponible sobre intervenciones no farmacológicas en fracturas vertebrales. Futuros estudios deberán confirmar estos hallazgos en poblaciones con osteoporosis establecida o mayor riesgo de fractura, y explorar la combinación de estrategias farmacológicas y no farmacológicas en la prevención.