Aunque los programas de tutoría académica son una de las estrategias más utilizadas para acompañar a mujeres en medicina académica, su impacto estructural sigue siendo limitado. Una revisión publicada en Academic Medicine, analizó 64 estudios realizados en Estados Unidos y concluyó que, si no se integran en políticas institucionales más amplias, estas intervenciones corren el riesgo de ser insuficientes frente a las desigualdades persistentes. Dada su trascendencia en materia de equidad de género y medicina, la Agencia Sistema de Noticias Científicas (ASNC) de SIIC elaboró una subnota a partir de la citada revisión. El primer resumen obtenido de igual fuente y relacionado a esta temática fue: “Equidad de género en la medicina académica: intervenciones para favorecer la carrera de las mujeres“.
Introducción
La tutoría académica es una de las estrategias más utilizadas para acompañar a mujeres médicas en su desarrollo dentro de la medicina académica. Se la considera un puente hacia el liderazgo, el acceso a redes profesionales y la mejora de habilidades clave. Sin embargo, su implementación generalizada no ha ido de la mano de evidencia sólida sobre su eficacia para revertir desigualdades estructurales. La mencionada revisión, basada en 64 estudios realizados en Estados Unidos, permite analizar críticamente el verdadero alcance de esta estrategia para promover la equidad de género en la carrera de las mujeres.
Enfoque y Resultados
Diez de los estudios incluidos evaluaron intervenciones basadas en tutoría académica, en diversos formatos: tutoría individual tradicional, tutoría entre pares, tutoría grupal y modelos verticales intergeneracionales. La mayoría de las participantes eran médicas jóvenes o en formación. Se reportaron beneficios subjetivos como mayor confianza profesional, adquisición de habilidades (comunicación, liderazgo, redacción científica) y fortalecimiento del sentido de pertenencia.
No obstante, ningún estudio identificó con claridad cuál es el modelo más eficaz ni cómo medir su impacto a largo plazo. Tampoco se hallaron efectos consistentes en indicadores institucionales como promociones, equidad salarial o retención en cargos de decisión. La mayoría de las evaluaciones se limitaron a la satisfacción personal o el aprendizaje percibido (niveles 1 y 2 del modelo de Kirkpatrick).
Además, la producción científica sobre tutoría académica ha disminuido en los últimos años, quizás porque su valor se da por sentado o porque no se han definido estándares replicables que permitan demostrar su efectividad de manera sistemática.
Discusión y Conclusión
La revisión sugiere que la tutoría académica, por sí sola, no alcanza para transformar estructuras desiguales. Si bien puede ser útil como apoyo individual o colectivo, sus beneficios dependen en gran medida del contexto institucional en que se inserta. Para que tenga un impacto real en la equidad de género, debe formar parte de políticas activas que promuevan liderazgo femenino, transparencia en los procesos de evaluación y condiciones laborales igualitarias. De lo contrario, corre el riesgo de reforzar la idea de que el éxito depende exclusivamente del esfuerzo individual de las propias mujeres, en lugar de interpelar a las instituciones.