Un estudio nacional publicado por Journal of Urban Health, estima que el 7,7 % de las hospitalizaciones de urgencia por causas cardiovasculares se deben a contaminación atmosférica y temperaturas extremas. El dióxido de nitrógeno (NO₂) y el ozono (O₃) son los principales responsables.
Introducción
La contaminación atmosférica constituye uno de los principales riesgos ambientales para la salud en Europa y contribuye a la morbimortalidad cardiovascular incluso a niveles bajos de exposición. Los contaminantes más relevantes en España son el dióxido de nitrógeno (NO₂), el ozono troposférico (O₃) y las partículas finas (PM₂.₅ y PM₁₀). A esto se suma la influencia de temperaturas extremas, que exacerban los efectos de la polución y afectan de manera desigual a grupos vulnerables, especialmente personas mayores y con enfermedades crónicas. Analizar los ingresos hospitalarios de urgencia permite cuantificar el impacto inmediato de estos factores en la carga sanitaria y orientar políticas preventivas.
Enfoque y resultados
El estudio analizó 133.000 ingresos de urgencia anuales por causas cardiovasculares en España (2013–2018), utilizando modelos estadísticos provinciales y nacionales.
Los principales hallazgos fueron:
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Se atribuyeron 10.167 ingresos anuales (7,7 % del total) a contaminación y temperaturas extremas.
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De ellos, 6,9 % se relacionaron con contaminación atmosférica (unos 9.000 casos) y 0,8 % con temperaturas extremas (unos 1.200 casos).
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El impacto de las olas de frío fue mucho mayor que el de las olas de calor, con una proporción de ingresos 19 veces superior.
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NO₂ y O₃ fueron los contaminantes más asociados con ingresos, mientras que el efecto de las partículas (PM) fue menor.
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Los mayores de 65 años mostraron mayor riesgo, mientras que un mayor nivel de ingresos provinciales se asoció con efecto protector.
Discusión y conclusiones
La contaminación del aire, especialmente por NO₂ de tráfico urbano y O₃, es responsable de miles de urgencias cardiovasculares cada año en España, superando ampliamente el efecto de las temperaturas extremas. El hallazgo refuerza la necesidad de políticas integradas de salud ambiental que incluyan:
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Reducción del tráfico rodado y expansión de zonas de bajas emisiones.
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Fomento del transporte público sostenible y movilidad alternativa.
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Planes preventivos específicos para personas con alto riesgo cardiovascular, con recomendaciones prácticas para minimizar exposición a contaminantes.
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Integración de medidas frente a polución y frío extremo en planes de salud pública.
El estudio confirma que mejorar la calidad del aire urbano tendría un impacto inmediato en la reducción de hospitalizaciones cardiovasculares y en la equidad sanitaria, protegiendo especialmente a los grupos más vulnerables.