Artritis reumatoide: la fuerza de prensión mejora en etapas tempranas y se estabiliza en la enfermedad crónica

Una revisión sistemática con metanálisis publicada en Open Sport & Exercise Medicine, reunió 27 estudios y 2.742 pacientes con artritis reumatoide. Los investigadores demostraron que la fuerza de prensión manual tiende a mejorar en los primeros años de enfermedad y permanece estable en etapas avanzadas. Los resultados señalan que la medición de fuerza puede funcionar como un marcador funcional accesible para evaluar evolución clínica, actividad inflamatoria y respuesta a tratamiento.
SIIC - BMJ Open Sport & Exercise Medicine

Una revisión sistemática con metanálisis publicada en Open Sport & Exercise Medicine, reunió 27 estudios y 2.742 pacientes con artritis reumatoide. Los investigadores demostraron que la fuerza de prensión manual tiende a mejorar en los primeros años de enfermedad y permanece estable en etapas avanzadas. Los resultados señalan que la medición de fuerza puede funcionar como un marcador funcional accesible para evaluar evolución clínica, actividad inflamatoria y respuesta a tratamiento.

Introducción

La artritis reumatoide (AR) es una enfermedad inflamatoria crónica con manifestaciones articulares y extraarticulares que afectan la función muscular. La pérdida de masa y fuerza es frecuente y puede ser consecuencia tanto de la inflamación persistente como de cambios fisiológicos vinculados al dolor, la inactividad y tratamientos prolongados.
Diversos estudios transversales demostraron que los pacientes con AR presentan menor fuerza de prensión manual (HGS) que la población general y que los niveles más bajos se asocian con enfermedad activa, peor función física y mayor discapacidad. Sin embargo, la evolución longitudinal de la HGS —un parámetro simple, no invasivo y potencialmente útil para el seguimiento clínico— permanecía poco definida.
El único antecedente sistemático previo incluía estudios transversales y describía patrones de pérdida de fuerza con la edad, pero no aportaba información sobre cambios dentro del mismo individuo a lo largo del tiempo.
Para abordar esta brecha, el presente estudio realizó una revisión sistemática y metanálisis de cambios longitudinales en HGS y su relación con duración de la enfermedad, actividad inflamatoria y tiempo de seguimiento en pacientes con AR.

Enfoque y resultados

Base de evidencia

  • Se identificaron 4.301 registros; 27 estudios cumplieron los criterios de inclusión.

  • Total de participantes: 2.742 pacientes (65 % mujeres), edades entre 19–87 años.

  • Duración de la enfermedad: 2 meses a 47 años.

  • Los estudios mostraron actividad inflamatoria baja a moderada y una amplia variabilidad en medidas de función física.

Cambios generales en la fuerza de prensión

  • En el análisis conjunto, la HGS mostró un aumento leve pero significativo con el tiempo (SMD 0.25; IC95% 0.07–0.43).

  • La heterogeneidad fue alta, atribuible a diferencias de métodos, unidades de medición y características de los pacientes.

Efecto según etapa de la enfermedad

  • AR temprana (<1 año de duración):

    • Mejora significativa de la HGS (SMD 0.46; IC95% 0.30–0.61).

  • AR establecida (>1 año):

    • No se detectaron cambios significativos (SMD 0.22; IC95% −0.03 a 0.47).

Efecto según duración del seguimiento

  • ≤1 año: aumento significativo de la HGS (SMD 0.25).

  • 1–5 años: aumento significativo (SMD 0.43).

  • >5 años: ausencia de cambios (SMD −0.06).

Asociaciones clínicas

En 15 estudios se evaluaron correlaciones entre HGS y variables clínicas:

  • Cambios en HGS se asociaron inversamente con actividad inflamatoria (DAS28) y con deterioro funcional (HAQ).

  • También se relacionaron con progresión radiográfica y deterioro articular en algunos análisis.

  • No se hallaron asociaciones consistentes con actividad física, cambios en terapias o parámetros de salud general.

Discusión y conclusiones

El metanálisis demuestra que la HGS no disminuye de forma sistemática en la población con AR; por el contrario, tiende a mejorar ligeramente, sobre todo en etapas iniciales y en seguimientos breves o intermedios. Esta mejora puede reflejar un mejor control inflamatorio temprano, la respuesta a terapias modificadoras y el impacto favorable de la reducción de la actividad de la enfermedad sobre el músculo esquelético.
En contraste, los pacientes con AR de larga evolución o con más de cinco años de seguimiento no mostraron cambios relevantes en la fuerza, lo que sugiere una estabilización funcional asociada a la cronicidad o a efectos acumulativos de la enfermedad.
La asociación consistente entre menor HGS, mayor actividad inflamatoria y daño estructural sostiene su valor como marcador funcional complementario para el seguimiento clínico. Su bajo costo, facilidad de uso y reproducibilidad favorecen su integración en la práctica reumatológica habitual.
Las limitaciones metodológicas de los estudios —heterogeneidad de mediciones, tamaños muestrales reducidos y ausencia de ajuste por actividad física— exigen cautela y refuerzan la necesidad de investigaciones prospectivas estandarizadas. Aun así, los hallazgos sugieren que la evaluación rutinaria de HGS puede aportar información relevante para el seguimiento de la AR y orientar estrategias personalizadas de rehabilitación y manejo funcional.

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