Índice de masa corporal y riesgo de fractura: actualización global del modelo FRAX

El mayor metanálisis internacional sobre índice de masa corporal (IMC) y fractura, que incluyó a más de 1,6 millones de personas de 63 cohortes en 32 países, redefine la relación entre obesidad, densidad mineral ósea y riesgo de fractura. Los resultados, publicados en Journal of Bone and Mineral Research, actualizan el algoritmo FRAX y confirman que el exceso de peso no siempre protege contra las fracturas osteoporóticas, especialmente en los hombres.
JBMR - Journal of Bone and Mineral Research

El mayor metanálisis internacional sobre índice de masa corporal (IMC) y fractura, que incluyó a más de 1,6 millones de personas de 63 cohortes en 32 países, redefine la relación entre obesidad, densidad mineral ósea y riesgo de fractura. Los resultados, publicados en Journal of Bone and Mineral Research, actualizan el algoritmo FRAX y confirman que el exceso de peso no siempre protege contra las fracturas osteoporóticas, especialmente en los hombres.

Introducción

El índice de masa corporal (IMC) ha sido tradicionalmente considerado un factor protector frente al riesgo de fractura, debido al efecto mecánico del peso corporal sobre el esqueleto. Sin embargo, evidencias recientes cuestionan esta interpretación, sugiriendo que la relación entre IMC y fractura es compleja y dependiente de variables como edad, sexo y composición corporal.
El modelo FRAX, herramienta internacional para estimar el riesgo de fractura a 10 años, se basa en múltiples factores clínicos, entre ellos el IMC. El presente metanálisis, impulsado por la Fundación Internacional de Osteoporosis (IOF) y la Universidad de Southampton, tuvo como objetivo actualizar y precisar el papel del IMC en la predicción de fracturas, incorporando nuevas cohortes y diferenciando los efectos según sexo, edad, etnia y densidad mineral ósea (DMO).

Enfoque y resultados

Se analizaron 63 cohortes prospectivas con un total de 1.667.922 adultos (hombres y mujeres) provenientes de 32 países, seguidos durante 16 millones de persona-años. De ellos, 293.325 contaban con medición de DMO en cuello femoral. En cada cohorte se aplicaron modelos de Poisson extendidos para estimar la relación entre categorías de IMC definidas por la OMS (bajo peso, normal, sobrepeso y obesidad) y riesgo de fractura incidente, ajustando por edad, sexo, etnia, tiempo de seguimiento y DMO.
Los resultados confirmaron una relación no lineal entre IMC y fractura: el bajo peso se asoció con mayor riesgo de fractura de cadera y fractura osteoporótica mayor, mientras que la obesidad mostró un patrón dependiente del ajuste por DMO.
Antes del ajuste por densidad ósea, el IMC elevado pareció protector frente a fracturas; sin embargo, tras considerar la DMO, el efecto se invirtió, especialmente en hombres, quienes presentaron mayor riesgo de fractura a igual DMO que las mujeres.
En mujeres, el exceso de tejido adiposo subcutáneo alrededor de la cadera mostró un efecto biomecánico protector frente a fracturas de cadera, mientras que en los hombres predominó la grasa visceral abdominal, asociada con inflamación crónica, hipogonadismo funcional y mayor fragilidad ósea. El bajo IMC se mantuvo como factor de riesgo independiente de fractura de cadera en ambos sexos.
El análisis también identificó variaciones según etnia y edad, y evidenció que el riesgo asociado al IMC difiere en función del tipo de fractura: la obesidad aumenta la probabilidad de fractura de tobillo, pero no de fracturas típicamente osteoporóticas.

Discusión y conclusiones

Esta investigación constituye la mayor base de datos prospectiva sobre el vínculo entre IMC y fractura, y aporta evidencia robusta para la actualización del algoritmo FRAX. Los hallazgos demuestran que la relación entre masa corporal y riesgo óseo es específica por sitio anatómico y sexo, y que el exceso de peso no es universalmente protector.
El efecto protector aparente del IMC elevado desaparece cuando se ajusta por DMO, revelando que la adiposidad puede incrementar el riesgo de fracturas no vertebrales y de cadera, particularmente en hombres. Entre los posibles mecanismos figuran la menor calidad muscular, la inflamación crónica y los cambios hormonales asociados con la obesidad.
Los autores destacan que los nuevos coeficientes derivados de este metanálisis se incorporarán a la segunda versión del modelo FRAX, lo que permitirá mejorar la predicción individual del riesgo de fractura a nivel mundial.
Las implicaciones clínicas son claras: el bajo IMC sigue siendo un marcador de fragilidad ósea, pero el sobrepeso y la obesidad tampoco deben considerarse protectores absolutos. Las estrategias de salud ósea deberán integrar la evaluación nutricional, la composición corporal, la masa muscular y la actividad física dentro de un enfoque preventivo integral.

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