Un seguimiento a 125.000 adultos reveló que quienes experimentaron divorcio o viudez tuvieron un 30% más riesgo de desarrollar insuficiencia cardíaca que quienes mantuvieron una relación estable. El efecto fue más marcado en personas con peor estilo de vida. La investigación, conducida en China, fue publicada en Journal of the American Heart Association.
Introducción
La insuficiencia cardíaca (IC) es un síndrome de alta prevalencia, asociado a gran carga clínica, económica y social. Más de 64 millones de personas la padecían en el mundo en 2017, y su incidencia sigue en aumento. Factores psicosociales, como la estabilidad conyugal, influyen en la salud cardiovascular, pero la evidencia sobre su papel en la IC era limitada. El fracaso marital —divorcio, separación o viudez— constituye un evento vital adverso que puede inducir estrés crónico, aislamiento social y cambios en conductas de salud, todos ellos vinculados con mayor vulnerabilidad cardiovascular.
Enfoque y resultados
El análisis se basó en dos cohortes comunitarias chinas (Kailuan Study I y II), con 125.042 participantes mayores de 40 años, libres de cáncer y de IC al inicio. El estado marital se registró periódicamente entre 2006 y 2016.
Los principales hallazgos fueron:
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6.042 participantes (4,8%) experimentaron fracaso marital.
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Durante un seguimiento medio de 13,5 años, se registraron 3.779 nuevos casos de IC.
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El riesgo de IC fue 30% mayor en quienes atravesaron fracaso marital (HR ajustado 1,30; IC95%: 1,14–1,49).
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El efecto fue más fuerte en participantes con bajo puntaje de estilo de vida saludable (HR 1,59).
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No hubo diferencias significativas por sexo o nivel de ingresos, pero sí por educación: los más instruidos mostraron mayor vulnerabilidad tras un fracaso marital.
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El riesgo fue mayor en los primeros años tras la disolución conyugal y se atenuó con el tiempo.
Discusión y conclusiones
El estudio demuestra que la pérdida de una relación conyugal estable incrementa de manera independiente el riesgo de insuficiencia cardíaca, incluso después de ajustar por factores clínicos, socioeconómicos y conductuales. La asociación parece deberse a la combinación de estrés psicosocial, pérdida de apoyo social y menor acceso a cuidados preventivos.
Los hallazgos subrayan la necesidad de que los sistemas de salud incorporen factores psicosociales en la estratificación de riesgo cardiovascular y brinden intervenciones de apoyo a personas que atraviesan separaciones o viudez. Promover estilos de vida saludables puede mitigar el efecto adverso del fracaso marital sobre la IC.