Lecciones de Brasil en salud escolar: una guía para fortalecer sistemas educativos y sanitarios en el mundo

En Brasil, el programa Saúde na Escola articula salud y educación a través de equipos interdisciplinarios del Sistema Público de Salud (SUS). Esta estrategia fortalece la equidad, previene enfermedades y vincula a estudiantes con recursos esenciales desde una perspectiva comunitaria. Publicado en Global Public Health, el estudio analiza las fortalezas del programa de salud escolar en Brasil (PSE) y propone adaptaciones internacionales. 
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En Brasil, el programa Saúde na Escola articula salud y educación a través de equipos interdisciplinarios del Sistema Público de Salud (SUS). Esta estrategia fortalece la equidad, previene enfermedades y vincula a estudiantes con recursos esenciales desde una perspectiva comunitaria. Publicado en Global Public Health, el estudio analiza las fortalezas del programa de salud escolar en Brasil (PSE) y propone adaptaciones internacionales.

Introducción

En Brasil, niños y adolescentes representan aproximadamente el 24% de la población, unos 51 millones de personas. A pesar de avances en salud y tecnología, persisten desafíos como violencia, inseguridad alimentaria, baja cobertura de vacunación y deserción escolar, que afectan especialmente a comunidades negras, indígenas y quilombolas. Ante esta situación, las escuelas del país cumplen un rol clave como red de contención. Este artículo examina el programa de salud escolar brasileño como ejemplo valioso para orientar políticas y prácticas globales, y propone estrategias alineadas con los ODS 3 (salud), 4 (educación), 10 (reducción de desigualdades) y 16 (instituciones sólidas).

Enfoque y Resultados

El Programa Saúde na Escola (PSE) articula los ministerios de Salud y Educación y se implementa mediante los equipos de la Estratégia Saúde da Família (ESF), integrados por médicos, enfermeros, nutricionistas, psicólogos, odontólogos y agentes comunitarios. Estos equipos realizan diagnósticos, elaboran planes de acción en salud escolar y los ejecutan, bajo coordinación de enfermería. Entre las acciones se incluyen prevención de enfermedades infecciosas (como dengue, Zika, ITS), promoción de alimentación saludable, salud bucal y ocular, y prevención de violencia y consumo problemático.

El sistema de registros electrónicos e-SUS permite recopilar y analizar datos sobre las intervenciones realizadas. Por ejemplo, entre 2014 y 2019, se registró un aumento del 65% en las acciones de salud ocular en escuelas. Este sistema también permite monitorear desigualdades y orientar intervenciones según características sociodemográficas.

El impacto del PSE incluye mayor acceso a servicios de salud, reducción de inequidades visuales, mejora de la calidad de vida mediante liderazgo de enfermería y fortalecimiento de la coordinación intersectorial. No obstante, se identifican debilidades como planes de acción fragmentados, escasa integración con otras áreas sociales, y limitaciones logísticas en regiones remotas.

A partir de esta experiencia, los autores proponen cuatro oportunidades para fortalecer la salud escolar a nivel global:

  1. Estandarizar el rol de los agentes comunitarios de salud, como ocurre en Brasil donde son empleados estatales capacitados, con estabilidad laboral y funciones claras en educación sanitaria y conexión con recursos sociales.

  2. Acelerar la implementación de programas basados en evidencia, incluyendo iniciativas como el Bolsa Familia, que vincula transferencias condicionadas a controles de salud y asistencia escolar.

  3. Fortalecer la coordinación de cuidados para abordar determinantes sociales, como pobreza y transporte, integrando estos factores en modelos de financiamiento de la salud escolar.

  4. Optimizar sistemas de información compartida, como e-SUS, para mejorar el seguimiento de casos, evaluar programas y desarrollar intervenciones más efectivas, superando las limitaciones legales y técnicas de otros países.

Discusión y Conclusión

El modelo brasileño de salud escolar ofrece una experiencia concreta y consolidada sobre cómo integrar salud, educación y políticas sociales en un sistema único, equitativo y centrado en la comunidad. La participación activa de equipos interdisciplinarios, el protagonismo de la enfermería y de los agentes comunitarios de salud, y la presencia de un sistema nacional de información como e-SUS, generan un entorno propicio para la implementación sostenida de intervenciones preventivas y educativas en escuelas de todo el país.

Este enfoque, sin embargo, no está exento de desafíos. La fragmentación institucional entre sectores, la escasa articulación con políticas de combate a la pobreza y la dificultad para garantizar continuidad y cobertura en zonas rurales o geográficamente remotas —como el norte amazónico— limitan su impacto potencial. A ello se suma la necesidad de fortalecer el uso sistemático de datos para evaluar resultados, ajustar estrategias y promover una cultura de monitoreo y mejora continua, aún incipiente en muchas regiones.

Pese a estas limitaciones, la experiencia del PSE demuestra que es posible avanzar hacia un modelo de salud escolar sustentado en principios de equidad, participación social y desarrollo territorial. La integración entre los sistemas de salud y educación, sostenida por políticas públicas nacionales, permite que niñas, niños y adolescentes —especialmente los más vulnerables— accedan a cuidados, acompañamiento y entornos protectores en el espacio escolar.

En el plano global, Brasil ofrece una hoja de ruta para países que buscan mejorar la salud y el aprendizaje desde una lógica intersectorial. Para ello, es clave impulsar marcos legales que reconozcan y financien los roles del personal de salud escolar; generar incentivos para adoptar programas basados en evidencia que respondan a las necesidades locales; y garantizar la interoperabilidad de datos entre sectores respetando los marcos de privacidad.

Finalmente, este modelo nos recuerda que alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible no depende solo de políticas macro, sino también de capacidades locales, liderazgo técnico y compromiso político sostenido. Replicar, adaptar y escalar experiencias como la brasileña puede ser una vía efectiva para reducir desigualdades, promover el bienestar integral de las infancias y fortalecer los sistemas públicos como garantes de derechos.

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