Un estudio cualitativo en un hospital docente de los Países Bajos reveló cómo las enfermeras despliegan estrategias de resiliencia en la práctica clínica diaria para sostener la calidad y la seguridad del cuidado frente a protocolos poco realistas, desajustes organizacionales y valores profesionales divergentes. La investigación fue publicada en International Journal of Nursing Studies Advances.
Introducción
En la mayoría de los sistemas de salud, la calidad y la seguridad del cuidado se mantienen gracias a la capacidad adaptativa de los profesionales, especialmente de las enfermeras. Este trabajo “invisible” de resiliencia en la práctica clínica diaria les permite responder a tensiones entre protocolos, recursos limitados y necesidades individuales de los pacientes. La literatura sobre resiliencia en salud ha descrito los niveles macro (sistema) y meso (estructuras organizacionales), pero existen menos estudios empíricos sobre cómo se manifiesta en la práctica cotidiana de enfermería.
Enfoque y resultados
Se realizó un estudio cualitativo en un hospital urbano de 600 camas en los Países Bajos, con 37 enfermeras, 2 enfermeras practicantes y 5 gestores. Se llevaron a cabo 80 horas de observación no participante, entrevistas semiestructuradas, un grupo focal monodisciplinar y dos grupos focales multidisciplinarios. El análisis temático identificó tres desencadenantes frecuentes de resiliencia en la práctica clínica diaria:
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Cuando las evaluaciones de riesgo estandarizadas no se ajustan a la práctica, las enfermeras aparentan cumplir con el sistema y, en paralelo, aplican observación clínica atenta.
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Cuando protocolos y guías no se alinean con las necesidades inmediatas, anticipan cambios, negocian con pacientes y profesionales, y buscan soluciones intermedias.
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Cuando existen valores divergentes sobre seguridad y calidad, recurren a aliados o emplean vías indirectas para asegurar el cuidado.
Discusión y conclusiones
La resiliencia en la práctica clínica diaria de enfermería no consiste únicamente en corregir desajustes o improvisar ante imprevistos. Se configura como un proceso relacional y ético, en el que las enfermeras equilibran las demandas del sistema con las necesidades, valores e intereses del paciente. Estas estrategias, frecuentemente invisibles para la organización, son esenciales para la seguridad asistencial. Reconocer y apoyar estas prácticas mediante espacios de reflexión interprofesional y aprendizaje continuo fortalecería tanto la resiliencia de los equipos como la capacidad adaptativa del sistema sanitario.