Redes sociales y salud mental juvenil: claves para la evaluación clínica

Un equipo italiano propone incorporar la evaluación sistemática del uso de redes sociales en la entrevista clínica en salud mental infantojuvenil. Publicado en Frontiers in Psychiatry, el trabajo detalla cómo plataformas, contenidos, horarios de uso y tipo de participación digital pueden incidir —positiva o negativamente— en el estado psíquico de niños y adolescentes.
Grupo SIIC - Frontiers in Psychiatry

Un equipo italiano propone incorporar la evaluación sistemática del uso de redes sociales en la entrevista clínica en salud mental infantojuvenil. Publicado en Frontiers in Psychiatry, el trabajo detalla cómo plataformas, contenidos, horarios de uso y tipo de participación digital pueden incidir —positiva o negativamente— en el estado psíquico de niños y adolescentes.

Introducción

El uso de redes sociales se ha expandido con rapidez desde 2010, coincidiendo con un aumento notable de trastornos mentales en niños y adolescentes. Aunque no se ha establecido una relación causal directa, múltiples estudios sugieren que ciertos patrones de uso digital —particularmente el uso excesivo o inadecuado— se asocian a síntomas como ansiedad, depresión, alteraciones del sueño y malestar psicosocial. La adolescencia, con sus vulnerabilidades específicas, constituye una etapa especialmente sensible a estas influencias.

Ante este escenario, el artículo propone que los profesionales de salud mental incorporen el análisis sistemático del uso de redes sociales (SM) en la evaluación clínica de jóvenes, superando las aproximaciones centradas únicamente en el tiempo de pantalla y atendiendo a dimensiones más profundas como el tipo de contenido, el momento del día en que se usan, la intencionalidad del uso y el nivel de interacción.

Enfoque y Resultados

Se trata de un trabajo elaborado por especialistas en neuropsiquiatría infantil y respaldado en su experiencia clínica y en una revisión crítica de la literatura científica reciente. No presenta nuevos datos experimentales, sino una propuesta metodológica para enriquecer el abordaje clínico.

El artículo identifica siete dimensiones clave que deberían integrar la entrevista clínica con niños y adolescentes:

  1. Tiempo de pantalla total y específico para redes sociales, verificable con funciones del propio teléfono.

  2. Patrón temporal de uso, con especial atención al uso nocturno (“vamping”), que puede alterar el sueño y amplificar síntomas de fatiga, ansiedad o tristeza.

  3. Tipo de plataformas utilizadas, diferenciando entre redes visuales (Instagram, TikTok) y textuales (WhatsApp, X).

  4. Contenido consumido, evaluando temas como belleza física, autoayuda, trastornos alimentarios o violencia.

  5. Exposición a contenidos sobre salud mental, incluyendo tanto recursos confiables como contenidos problemáticos (ej. normalización de autolesiones).

  6. Nivel de participación, distinguiendo usuarios activos (crean contenido), interactivos (comentan o reaccionan) y pasivos (solo observan).

  7. Naturaleza de los vínculos sociales, identificando si se relacionan con amistades reales o con influencers y celebridades.

Los autores señalan que el consumo compulsivo nocturno afecta el ritmo circadiano, en parte por la exposición a luz azul que interfiere en la secreción de melatonina, y en parte por la presión de responder mensajes de inmediato. Este fenómeno puede provocar ansiedad, insomnio o síntomas depresivos. También se menciona el impacto del miedo a quedar excluidos (“fear of missing out” o FOMO), el temor a ser ignorados (“ghosting”) y el “vaguebooking” (publicaciones ambiguas que insinúan malestar emocional).

En cuanto al contenido, las redes centradas en imágenes generan comparaciones constantes, insatisfacción corporal y conductas de riesgo, especialmente en quienes editan sus fotos o siguen influencers de belleza. Sin embargo, el artículo también destaca que las redes pueden facilitar el acceso a información psicoeducativa, experiencias compartidas y apoyo entre pares, especialmente cuando son gestionadas por profesionales de salud mental o comunidades organizadas.

Discusión y Conclusión

Los autores argumentan que limitarse a medir el tiempo de exposición es una estrategia incompleta. Muchas herramientas clínicas vigentes se basan en modelos de adicción digital, que no contemplan motivaciones como la búsqueda de aceptación, el monitoreo constante de la vida social o la autoexploración emocional. Por ello, proponen una evaluación centrada en las prácticas, emociones y vínculos que se construyen en el entorno digital.

Además, advierten que las herramientas disponibles suelen quedar obsoletas rápidamente debido al ritmo de cambio de las plataformas. Por eso, recomiendan combinar cuestionarios estandarizados con una entrevista flexible, adaptada al contexto del paciente, y fomentar un vínculo clínico donde el joven no se sienta juzgado.

La propuesta final incluye una guía estructurada con preguntas específicas para cada dimensión del uso digital. Este enfoque busca enriquecer la comprensión clínica del mundo digital del paciente, detectar signos de alerta y promover un uso más saludable de las redes sociales, sin demonizarlas ni idealizarlas.

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