El uso intensivo de recursos por la inteligencia artificial (IA) agrava la crisis climática y sus efectos en salud. Un análisis en The Lancet Global Health propone incluir el impacto ambiental de la IA como principio central en los marcos éticos de salud global y bioética.
Introducción
La inteligencia artificial se presenta como una herramienta con enorme potencial para reducir desigualdades en salud y mejorar la atención en países de ingresos bajos y medios. Sin embargo, su desarrollo y uso intensivo consumen agua, energía y minerales en cantidades crecientes, con efectos adversos sobre el medio ambiente y, en consecuencia, sobre la salud pública. Hasta ahora, la mayoría de los marcos éticos de IA se han centrado en transparencia, justicia, no maleficencia, responsabilidad y privacidad, relegando la sostenibilidad ambiental a un lugar secundario. El artículo plantea que este enfoque ignora una paradoja crítica: las soluciones de IA diseñadas para mejorar la salud global están contribuyendo a agravar los mismos problemas climáticos que aumentan la carga de enfermedad.
Enfoque y resultados
El análisis identifica múltiples vías por las cuales la IA impacta negativamente en el medio ambiente y la salud:
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Consumo masivo de agua para enfriamiento de centros de datos; se estima que en 2027 la IA podría demandar entre 4,2 y 6,6 mil millones de m³ de agua, más que el uso anual de países como Dinamarca.
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Elevado gasto energético y huella de carbono; entrenar un solo modelo de gran escala puede generar emisiones equivalentes a 300.000 kg de CO₂.
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Uso intensivo de minerales como litio, cobalto y coltan, con consecuencias ambientales y sociales, incluyendo conflictos en países productores.
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Exposición creciente a contaminantes derivados de plantas de energía que alimentan centros de datos, contribuyendo a enfermedades respiratorias y cardiovasculares.
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Inequidad global: los beneficios de la IA se concentran en un pequeño número de países ricos, mientras que los costos ambientales recaen sobre poblaciones del sur global.
Discusión y conclusiones
Los autores sostienen que el impacto ambiental de la IA debe ser considerado un principio ético central en bioética y salud global. Proponen reconfigurar los marcos existentes de ética de IA para incluir explícitamente la sostenibilidad y presentan medidas concretas:
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Reporte obligatorio de la huella de carbono y consumo de recursos en estudios que usen IA.
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Condicionar financiamiento a planes de mitigación ambiental.
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Auditorías ambientales de algoritmos y centros de datos.
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Regulaciones internacionales que establezcan estándares de sostenibilidad para el desarrollo de IA.
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Incentivos y cooperación global para fomentar una cultura de “IA intencional” que priorice la eficiencia energética y el respeto ambiental.
En conclusión, la IA no puede ser considerada un motor de equidad y salud global mientras su costo ambiental siga siendo invisible. Incorporar la sostenibilidad en el núcleo de la ética de IA es indispensable para que sus promesas se traduzcan en beneficios reales para la salud y el planeta.