En adultos jóvenes, medir la grasa corporal con bioimpedancia es más útil que calcular el índice de masa corporal (IMC) para predecir el riesgo de muerte a 15 años, según un estudio publicado en Annals of Family Medicine. La investigación, basada en más de 4.200 adultos de entre 20 y 49 años, cuestiona el uso exclusivo del IMC en la evaluación clínica del riesgo cardiometabólico.
Introducción
El índice de masa corporal (IMC) es el indicador más utilizado para estimar la composición corporal en la práctica clínica. Sin embargo, su utilidad como predictor de riesgo es limitada, ya que no distingue entre masa grasa y masa magra. Esta limitación es especialmente relevante en personas jóvenes con normopeso aparente pero exceso de grasa corporal. Este estudio comparó la capacidad del IMC, el porcentaje de grasa corporal (BF%) y la circunferencia de cintura (CC) para predecir la mortalidad a 15 años en una muestra representativa de adultos jóvenes estadounidenses.
Enfoque y Resultados
Se analizaron datos de la encuesta NHANES 1999–2004, con seguimiento de mortalidad hasta 2019. Se incluyeron 4.252 participantes de entre 20 y 49 años con información completa sobre composición corporal y variables sociodemográficas. La población ponderada representa a unos 137 millones de adultos jóvenes de Estados Unidos.
Los puntos de corte utilizados fueron: IMC saludable (18,5–24,9 kg/m²); BF% saludable (<27 % en hombres, <44 % en mujeres); CC saludable (≤40 pulgadas en hombres, ≤35 en mujeres). Los modelos ajustados incluyeron edad, raza y nivel de pobreza. Se analizaron la mortalidad general, cardiovascular y por cáncer.
El IMC no mostró asociación significativa con la mortalidad total ni por cáncer en los modelos ajustados. La asociación con mortalidad cardiovascular fue significativa solo sin ajuste (HR 2,71; IC95 %: 1,10–6,66; p = 0,030) y se perdió al ajustar por variables de confusión.
En cambio, tanto el porcentaje de grasa corporal como la circunferencia de cintura mostraron asociaciones consistentes con mayor riesgo de mortalidad general y cardiovascular. Para el BF%, la HR ajustada fue 1,78 (IC95 %: 1,28–2,47) en mortalidad total y 3,62 (IC95 %: 1,55–8,45) en mortalidad cardiovascular. Para la CC, las cifras fueron 1,59 (IC95 %: 1,12–2,26) y 4,01 (IC95 %: 1,94–8,27), respectivamente.
El grado de coincidencia entre clasificaciones saludables/no saludables fue bajo entre IMC y BF% (60 %), lo que evidencia la discrepancia entre indicadores y su impacto en la estratificación de riesgo.
Discusión y Conclusión
En adultos jóvenes, la grasa corporal medida por bioimpedancia y la circunferencia de cintura resultaron mejores predictores de mortalidad a 15 años que el IMC. Los resultados sugieren que el IMC puede subestimar el riesgo en personas con normopeso aparente pero con exceso de grasa.
La bioimpedancia (BIA), técnica accesible y reproducible, se presenta como una alternativa viable para la consulta ambulatoria. Aun utilizando modelos antiguos de BIA, los resultados mostraron asociaciones más sólidas con la mortalidad que el IMC. La incorporación sistemática del BF% podría mejorar la evaluación del riesgo metabólico en población joven, en especial cuando el IMC es engañosamente normal.
Aunque se requieren más estudios para establecer rangos estandarizados de grasa corporal saludable, este análisis refuerza la utilidad clínica de complementar el IMC con mediciones más específicas y directas de adiposidad.