Estudios recientes en el conflicto de Ucrania muestran la aparición temprana de infecciones multirresistentes y hasta panresistentes en heridos de guerra, con riesgo de diseminación internacional. Así lo informan los autores de una investigación publicada en The Lancet Regional Health (Europe).
Introducción
Los conflictos bélicos generan condiciones propicias para la propagación de bacterias multirresistentes (MDR), incluyendo cepas resistentes incluso a antibióticos de última generación. La destrucción de laboratorios, la falta de medidas de control de infecciones, el uso indiscriminado de antibióticos y las transferencias frecuentes de pacientes entre hospitales militares y civiles favorecen la diseminación de estas infecciones. El conflicto en Ucrania ha ofrecido evidencia reciente y alarmante de este fenómeno.
Enfoque y resultados
Diversos estudios analizaron muestras bacterianas obtenidas de heridos en la guerra de Ucrania:
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En un análisis de 154 aislamientos de pacientes con lesiones de guerra, se registraron tasas de resistencia cercanas al 50% para cefiderocol y superiores al 80% para combinaciones como ceftazidima-avibactam o meropenem-vaborbactam; 6% correspondieron a Klebsiella pneumoniae panresistente.
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En Alemania, la llegada de refugiados con infecciones por K. pneumoniae productoras de NDM (New Delhi metalo-β-lactamasa) elevó significativamente la incidencia local de estas cepas resistentes.
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Un estudio publicado en The Lancet Regional Health-Europe reportó 100 aislamientos de heridos: 69% Enterobacterales (principalmente K. pneumoniae y E. coli), 18% Acinetobacter baumannii y 13% Pseudomonas aeruginosa. La susceptibilidad a meropenem fue apenas del 14%, 0% y 8,3%, respectivamente.
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Más del 60% de Enterobacterales y más del 90% de P. aeruginosa mostraron resistencia a ceftazidima-avibactam.
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La multirresistencia estuvo presente ya en la primera semana tras la lesión, con alta prevalencia de carbapenemasas NDM y OXA-48.
Discusión y conclusiones
El surgimiento temprano de infecciones multirresistentes en heridos de guerra confirma que los conflictos actúan como aceleradores de la crisis de resistencia antimicrobiana, con riesgo de diseminación más allá de las zonas de combate. La combinación de heridas traumáticas, infraestructura sanitaria colapsada y uso amplio de antibióticos crea un entorno ideal para la selección de cepas resistentes.
Se requieren medidas urgentes:
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Vigilancia microbiológica temprana en hospitales militares y civiles.
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Estrategias estrictas de control de infecciones y uso racional de antibióticos.
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Cooperación internacional entre fuerzas locales, organismos multilaterales y ONG para contener la diseminación de bacterias resistentes.
La resistencia antimicrobiana derivada de conflictos no es un problema local: representa una amenaza para la salud pública global y compromete la eficacia de antibióticos de última línea.