Un estudio mixto, publicado BMJ Paediatrics Open, y realizado en la comunidad Emberá-Dobidá, desplazada por conflicto armado en Caldas, Colombia, mostró que el cambio climático y la degradación ambiental se asocian con inseguridad alimentaria, disarmonía espiritual y problemas emocionales en la infancia indígena, incluidos elevados riesgos de depresión y suicidio.
Introducción
El cambio climático afecta desproporcionadamente a las comunidades indígenas, que dependen del equilibrio entre territorio, naturaleza y cultura para su supervivencia física y espiritual. En el contexto colombiano, los pueblos desplazados enfrentan una doble vulnerabilidad: la pérdida del territorio ancestral y las alteraciones ambientales en los lugares de reasentamiento. Entre los Emberá-Dobidá, conocidos como “el pueblo del agua”, los cambios en temperatura, contaminación de los ríos y pérdida de biodiversidad han alterado las prácticas tradicionales de pesca y cultivo, generando inseguridad alimentaria y estrés psicológico. Este estudio analizó las interrelaciones entre el cambio climático, la seguridad alimentaria y la salud mental infantil en esta población, integrando una perspectiva latinoamericana que concibe el territorio como un determinante activo de la salud y la identidad.
Enfoque y resultados
Se realizó un estudio mixto (2023–2024) con 105 participantes: 40 niños y adolescentes de 6 a 16 años y 65 cuidadores pertenecientes a 25 familias. La fase cualitativa incluyó entrevistas en profundidad sobre percepciones ambientales y culturales, y la cuantitativa aplicó dos instrumentos validados: la Escala de Evaluación Comunitaria Pediátrica Emocional y Espiritual (PACES) y la Escala Colombiana de Seguridad Alimentaria (CHFSS).
Los hallazgos cualitativos revelaron dos temas centrales: “mayor calor en los últimos años” y “desconexión del agua y de la identidad cultural”. En la evaluación clínica, el 50 % de los niños presentó desnutrición crónica, el 30 % palidez palmar o escabiosis, y el 20 % esquemas de vacunación incompletos. En salud mental, el 50 % manifestó problemas emocionales y el 30 % riesgo de suicidio. El 97,5 % de las familias reportó inseguridad alimentaria severa y el 72,5 % carecía de recursos económicos suficientes para alimentarse.
Las correlaciones estadísticas mostraron fuertes asociaciones entre la falta de acceso a agua limpia, la pérdida del territorio ancestral y los problemas emocionales y conductuales (r=0,76; p<0,001). La desintegración del vínculo entre cuerpo, comunidad y entorno natural emergió como factor central de la disarmonía espiritual infantil.
Discusión y conclusiones
El estudio demuestra que los efectos del cambio climático en poblaciones indígenas trascienden los daños ecológicos y se manifiestan como crisis de salud mental y cultural. En la comunidad Emberá-Dobidá, el deterioro ambiental en el nuevo territorio —contaminación fluvial, aumento de temperatura y pérdida de medios de subsistencia— agrava la inseguridad alimentaria y erosiona la identidad colectiva. Estos factores generan un cuadro de “policrisis” en el que confluyen desplazamiento, pobreza y estrés ecológico.
Desde una perspectiva latinoamericana, el territorio es una construcción histórica y simbólica donde se producen las condiciones de vida y salud. Su pérdida constituye una forma de desposesión eco-biopolítica que vulnera tanto el cuerpo como el ecosistema. Los autores proponen intervenciones de salud pública con enfoque intercultural y resiliente al clima, que fortalezcan la soberanía alimentaria, el conocimiento ecológico tradicional y la continuidad espiritual de las comunidades. La recuperación de los vínculos con el agua y la tierra se plantea como elemento esencial para restaurar el bienestar emocional y la dignidad colectiva.