Una investigación cualitativa realizada en Inglaterra, analizó entrevistas con 75 pacientes con enfermedades crónicas y 28 profesionales de atención primaria. El estudio, divulgado en BMJ Open reveló que la “legitimidad” percibida de los síntomas —por parte del paciente y del médico— condiciona todo el proceso de consulta y derivación oncológica. Las comorbilidades, especialmente los trastornos mentales, pueden diluir la interpretación de signos de alarma y retrasar el diagnóstico de cáncer.
Introducción
La detección temprana del cáncer depende en gran medida de la interpretación de los síntomas en atención primaria. Sin embargo, la coexistencia de enfermedades crónicas altera la dinámica de consulta y complica la identificación de síntomas que podrían ser indicativos de cáncer.
En el Reino Unido, la mayoría de los casos oncológicos se detecta inicialmente en el primer nivel de atención, donde las consultas están marcadas por limitaciones de tiempo, sobrecarga asistencial y sesgos derivados de la historia clínica previa del paciente.
Este estudio, parte del programa SPOtting Cancer among Comorbidities (SPOCC), exploró cómo las condiciones preexistentes —como ansiedad, depresión, diabetes, EPOC, obesidad o Parkinson— influyen en la “legitimidad” de los síntomas y, en consecuencia, en la oportunidad del diagnóstico de cáncer.
Enfoque y resultados
Se realizó un estudio cualitativo basado en 103 entrevistas semiestructuradas: 75 con pacientes con una o más enfermedades crónicas y 28 con médicos y enfermeras de atención primaria, reclutados a través de redes de investigación clínica y organizaciones de salud del Reino Unido.
El análisis temático, sustentado en un enfoque realista crítico, identificó la legitimidad como concepto central que atraviesa el proceso de consulta médica. Este concepto refiere a la percepción —por parte del paciente y del sistema— de que un síntoma es “válido” o “digno” de atención clínica.
Los resultados mostraron tres etapas clave:
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Autotriage o autoevaluación del paciente: antes de consultar, muchos pacientes valoran si sus síntomas son “suficientemente importantes” como para justificar una cita, lo que puede demorar la búsqueda de atención.
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Triage administrativo y clínico: las recepcionistas, enfermeras y sistemas en línea actúan como filtros iniciales; su percepción de la urgencia o credibilidad del paciente influye en el acceso a la consulta médica.
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Consulta médica: los profesionales determinan la “legitimidad clínica” de los síntomas según su claridad narrativa, antecedentes médicos, resultados de laboratorio y patrones familiares.
El estudio encontró que las comorbilidades pueden tanto favorecer como obstaculizar la derivación. Por ejemplo, en pacientes con EPOC o diabetes, los síntomas pueden atribuirse erróneamente a la enfermedad de base, retrasando el estudio oncológico. En cambio, algunos profesionales adoptan un umbral más bajo para investigar a pacientes con múltiples enfermedades, siendo más proactivos ante signos ambiguos.
Los trastornos mentales —ansiedad y depresión— fueron los más asociados con pérdida de legitimidad: algunos médicos tendieron a etiquetar a estos pacientes como “hipocondríacos”, reduciendo la credibilidad de sus quejas y postergando derivaciones diagnósticas.
Discusión y conclusiones
El estudio demuestra que el proceso de diagnóstico oncológico en atención primaria no solo depende de la evidencia biomédica, sino también de juicios sociales y morales sobre la validez de los síntomas. La legitimidad emerge como un filtro continuo: primero en la autopercepción del paciente, luego en la interacción administrativa y finalmente en la evaluación clínica.
Estas percepciones, moduladas por el tipo de enfermedad crónica, el lenguaje empleado por el paciente y la interpretación del médico, pueden acelerar o retrasar la derivación oncológica.
La estigmatización de la salud mental y la falta de criterios estandarizados de triage contribuyen a inequidades en el acceso a diagnóstico temprano. Los autores recomiendan:
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Estandarizar los procesos de triage en atención primaria (presencial, telefónico y digital).
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Implementar formación en sesgos cognitivos, estigma y comunicación empática para todo el personal de salud, incluidos los administrativos.
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Explorar estrategias educativas para mejorar la claridad narrativa de los pacientes al describir síntomas.
El trabajo aporta una nueva perspectiva conceptual para comprender por qué los pacientes con comorbilidades tienden a ser diagnosticados más tarde y ofrece un marco útil para diseñar intervenciones orientadas a la equidad diagnóstica.