Una revisión sistemática de más de tres décadas de estudios demuestra que las sanciones económicas, aplicadas como herramienta de presión política, provocan efectos devastadores sobre la salud pública. Escasez de medicamentos, deterioro hospitalario, pobreza, malnutrición y aumento de la mortalidad infantil son algunas de las consecuencias que transforman las sanciones en un determinante global de salud. La notable investigación fue publicada en BMC Public Health.
Introducción
Las sanciones económicas se utilizan para presionar o aislar políticamente a determinados gobiernos, restringiendo su acceso a bienes, finanzas o comercio internacional. Aunque suelen excluir formalmente los productos humanitarios, su impacto indirecto sobre los sistemas de salud y las poblaciones civiles resulta profundo y persistente.
Desde la década de 1990, países como Irán, Irak, Cuba, Siria o Haití han experimentado crisis sanitarias vinculadas a sanciones prolongadas, caracterizadas por desabastecimiento de medicamentos esenciales, debilitamiento institucional y deterioro de indicadores sociales.
Este estudio revisó sistemáticamente la evidencia publicada entre 1990 y 2023 para evaluar los efectos directos e indirectos de las sanciones económicas sobre la salud, utilizando los marcos conceptuales de la Organización Mundial de la Salud (OMS) sobre los bloques funcionales del sistema sanitario y los determinantes sociales de la salud.
Enfoque y resultados
Se realizó una revisión sistemática de la literatura científica en inglés y persa mediante búsquedas en Cochrane Library, PubMed, Embase, Scopus, Web of Science, SID, Magiran e Irandoc. De 18.219 registros iniciales, 59 estudios cumplieron los criterios de inclusión, abarcando 11 países —principalmente Irán, Irak y Cuba—.
Los estudios se agruparon según los componentes del sistema sanitario y los determinantes sociales de la salud afectados.
Entre los efectos directos se destacaron:
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Escasez de medicamentos esenciales, vacunas e insumos médicos (37 % de los artículos).
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Caída del financiamiento sanitario, pérdida de personal y deterioro de la calidad de los servicios.
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Interrupción de la cooperación científica, la formación médica y los programas de investigación.
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Aumento de la mortalidad infantil, de enfermedades infecciosas y reducción de la esperanza de vida.
Los efectos indirectos incluyeron:
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Desempleo, pobreza y pérdida del poder adquisitivo.
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Inseguridad alimentaria, malnutrición y deficiencias nutricionales generalizadas.
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Estrés social, violencia y aumento de las enfermedades mentales.
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Empeoramiento de la salud maternoinfantil y de las enfermedades crónicas.
Los autores identificaron que los grupos más afectados son los pobres, las mujeres, los niños y las personas con enfermedades crónicas que dependen de tratamientos farmacológicos continuos.
Discusión y conclusiones
Las sanciones económicas trascienden el ámbito financiero y se comportan como crisis humanitarias encubiertas. Al limitar la capacidad de los países sancionados para importar medicamentos, equipamiento médico o alimentos, erosionan los sistemas de salud y agravan las desigualdades sociales.
El análisis muestra que las sanciones deterioran los bloques estructurales del sistema sanitario —financiamiento, provisión de servicios, recursos humanos y acceso a medicamentos— y afectan determinantes sociales como el empleo, la alimentación y la vivienda.
Los autores advierten que estas consecuencias obstaculizan los Objetivos de Desarrollo Sostenible, especialmente el ODS 3 (Salud y Bienestar), y que la comunidad internacional debería considerar las sanciones económicas como un determinante estructural de salud global.
Recomiendan crear mecanismos multilaterales de monitoreo, garantizar exenciones humanitarias efectivas y fortalecer la diplomacia sanitaria para reducir el daño sobre la población civil. La evidencia reunida refuerza la necesidad de incorporar el impacto de las sanciones en la agenda de políticas públicas y en las estrategias de equidad sanitaria.